Inolvidable 1968. A 40 años

El mejor Los Andes de la historia, de puño y letra del capitán Jorge Ginarte.

Por Leo Torresi

Leotorresi@clublosandes.com

Hagan caso: abran la página de abril de nuestro almanaque 2008 y miren la publicidad allá arriba en la cabinas. Los botines de los fulvencedores había que ir a comprarlos a Ginarte Sport, en la Galería Oliver,  local 6. Ginarte, Jorge, el Gordo ¿les suena? había abierto su casa de deportes en 1964. Y al negocio lo fue a buscar el presidente Horacio Palacios para hacerle la obvia propuesta: que jugara en el club donde tenía que jugar: Los Andes.

¿Es imaginable que alguien pueda llegar a usar la milrayitas como consecuencia de un castigo? ¿Y si eso a deriva en una gran historia? Ahí va mejor. Fue lo que pasó con la llegada de Jorge Ginarte al club, en aquel inolvidable 1968.

Había empezado en Temperley, llevaba varias temporadas Huracán y hubiera seguido de no haber mediado un problema: un  incidente durante una concentración que, de acuerdo al razonamiento de los dirigentes del Globo, el capitán -Ginarte- debió haber denunciado.

No lo hizo, hubo crisis, e Independiente intentó aprovecharla para quedarse con él. ”En Huracán consideraron que si pasaba a Independiente iba a ser un premio. Y lo que querían en ese momento era castigarme. Pero a Los Andes, como era un equipo chico, me dejaron venir”.

El contrato se arregló en un barcito que existía en la Galería Oliver, en un reservado al que se accedía por una escalera caracol. ”Los Andes me ofreció más de lo que ganaba en Huracán y acepté, aunque sabía que iba a tener algún problemita con los hinchas de Banfield que frecuentaban galería”.

El acuerdo fue un viernes. El campeonato Metropolitano arrancaba ese mismo domingo. El sábado a la mañana Ginarte estaba en el parque de Lomas, donde entrenaba el equipo. El lugar le quedaba más que comodo: se crió y aún sigue viviendo en ese mismo barrio.

Jugó de titular en el debut con triunfo por 2 a 0  contra Gimnasia. “Le tocó salir a Cardacci que había  jugado el torneo del ascenso. Los dos centrales en el comienzo fuimos Mattos y yo. Después Cardacci recuperó el puesto. La pareja que hicimos con  Cardacci andaba muy bien”.

Tenía 28 años y era un defensor muy valorado.  Tanto que Racing lo pidió para una gira por Europa. Ocupó el lugar de Roberto Perfumo, que en ese momento estaba citado para la Selección.

Pero ¿Cómo jugaba Ginarte? ¿Qué importancia  tuvo en aquel Los Andes de 1968, el mejor año futbolístico de toda la historia milrayitas?

“Me cuesta verme en el tiempo –dice–, pero leyendo recortes que conservo me dan como un jugador hábil, técnico, de juego. Yo no me veía así: creo que era un jugador inteligente que sabía muy bien hasta dónde salir, hasta donde arriesgar, que era muy practico. Ya tenía el técnico en la cabeza. Por algo fui capitán en Temperley, en Huracán, en Los Andes y en México. Era el que retransmitía en la cancha lo que pedía el DT; era la mano derecha, comunicaba lo que el técnico quería en función de relevos, en función de marcas”.

La mano corre ágil en el cuaderno y nos deja el croquis que reproducimos en esta página ¿Cómo se movía aquel equipo cuya formación aún se recita casi de memoria y que para las generaciones más jóvenes es una dulce pero borrosa referencia?

“Da Graca era un diez con llegada, buena pegada, muy completo           –reconstruye el Gordo-. Villagra era un wing, también con llegada, con mucha diagonal, con gol; Obberti era todo área; Scianda, bien abierto, muy veloz, pelota larga; Manfredi era un ocho con llegada; de los marcadores de punta, el que más subía era Vignale; Bordatto era más equilibrado; yo era un central que salía; Cardacci cabeceaba: Da Graca también, y Manfredi cabeceaba en el primer palo; yo no cabeceaba mucho, hacia el trabajo sucio para llevarme la marca”.

El Gordo tenía una jugada casi marca registrada. Tirarse al piso cuando el delantero rival parecía que lo había superado, robarle con limpieza la pelota y, en el mismo movimiento, levantarse y salir jugando. En México –jugó en el Pachuca hasta su retiro- le pusieron la barredora.

Tanta fama tuvo la jugada, tan asociada quedó a su nombre, que habilitó una gran anécdota. Muchos años después, en Neuquén, el plantel de Gimnasia y Tiro de Salta –que conducía Ginarte- coincidió en el mismo hotel con Carlos Villagrán, Quico, de El Chavo, que estaba de gira por el país. Salió la charla sobre fútbol y cuando Ginarte le contó que había jugado en Pachuca, el actor le preguntó el apellido. "¿Ginarte? ¿El de la barredora?", casi se desmaya el cómico. Y también el Gordo.

Con el de la barredora al mando adentro de la cancha, Los Andes hizo un gran campeonato en aquel Metropolitano 68. “Al principio no esperábamos tener una actuación así. En aquel momento la camiseta de los equipos chicos pesaban mucho en contra para los arbitrajes”.

Suele suceder en el fútbol, los sueños veces dependen del azar de una jugada. La clasificación de Los Andes para el Nacional del 68 estuvo en vilo en los momentos finales del partido decisivo con River, en el Gallardón. Iban 1 a 1 y los de Núñez disponían de un tiro libre del lado de Boedo. ¿Quien acomodó la pelota? Ermindo Onega. Como si ahora fuera Riquelme ¿Peligro de gol? Uffff.

Pero Lomas respiró. Fue palo. Palo. A media altura, a la derecha del flaco Menutti. Quedó el testimonio impreso. Lo cuenta Ginarte y es estrictamente cierto: “Cuando volvimos a la cancha, fuimos todos corriendo a besar la marca”.

Correspondía ¿no?

 

FOTO: Ginarte, hoy, en el centro de Lomas, con la camiseta retro y el número mágico

Domingo 27 de Julio de 2008 | Fútbol Profesional

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