Pura buena onda

Leo Aguirre perdió su puesto. Pero aportó y disfrutó como todos.

Por Leandro Saltamerenda

Llegó de la mano de Alberto Pascutti y como uno de los futbolistas con mayor experiencia de la categoría. En el comienzo de la temporada, Leonardo Aguirre tuvo un buen rendimiento individual. Atajó penales y algunas pelotas importantes que salvaron puntos, como aquel cabezazo sobre la hora a Bazán Vera en el partido con Tristán. Pero algunos errores en la mitad del torneo lo marginaron del equipo. De esa forma, el juvenil Luciano Díaz aprovechó su chance y el ex Atlético Tucumán quedó relegado al banco. Sin embargo, este arquero que vistió 12 camisetas diferentes, la peleó a su modo y logró el cuarto festejo en su etapa como profesional. Es verdad, algunas veces como titular o suplente, pero con una marca pocas veces vista. Leo gritó en las principales categorías del fútbol argentino, es decir, Primera División (integró el plantel de River 1993/94), B Nacional (Gimnasia de Jujuy 2004/05), Torneo Argentino A (Almirante Brown de Arrecifes 1996/97) y el reciente ascenso en Primera B, con Los Andes.

¿Qué significa este logro en tu carrera después de haber conseguido tantas cosas importantes con otros equipos?
Es una satisfacción muy grande. Cuando uno cumple los objetivos se enriquece muchísimo. A medida que van pasando los años lo valoras más. Afortunadamente me tocó compartir grupos que hicieron historia y es algo fantástico.

¿Qué tiene de diferente este ascenso a los demás?
En realidad, especiales son todos, pero con Los Andes fue incomparable. Porque en la primera parte del torneo hicimos una gran campaña y después nos caímos. En el momento que más necesitábamos apoyo nos insultaron y fue duro. Todos nos daban por muertos y es como que nos sentíamos solos. Por eso, el sábado a las 16, cuando llegamos al vestuario y nos miramos entre nosotros, nos descargamos y nos desahogamos como nunca.

Estuviste presente en gran parte del torneo, pero al final lo tuviste que ver desde afuera ¿Es una sensación extraña?
Y, no es lo mismo. Me hubiese encantado atajar los últimos partidos, aunque no se dio. Igual, yo me debía a la institución y apunte a sumar desde afuera. Trate de ayudar desde la experiencia y volcar cosas positivas. Realmente, si te pones a pensar, es una anécdota no haber jugado, yo lo disfruto igual.

Siempre se te vio muy unido al plantel, con buena predisposición…
Era lo que tenía que hacer. En este equipo hay muchos jugadores grandes que pasamos buenos y malos momentos. No es lindo no jugar, pero somos profesionales y queremos lo mejor para el club. Ese fue uno de los secretos de este ascenso. Siempre todos tiramos para el mismo lado y eso dio sus frutos.

Sin ir más lejos, a pesar de la competitividad por el puesto, fuiste uno de los primeros en abrazarte con Luciano Díaz…
Porque yo sé todo lo que Lucho la peleó; este presente lo tiene merecido. Yo entrenaba con él en el día a día y uno se daba cuenta como trabajaba hasta el máximo. Además concentramos juntos y compartimos muchas cosas. También le hablé bastante y lo aconsejé con mis vivencias. Ahí es cuando te sentís partícipe sin jugar.

¿A qué le atribuís este presente tan exitoso de Los Andes?
Creo que la clave fue hacernos fuertes ante la adversidad. Cuando vino la mala nos juramos salir a flote y lo conseguimos. La unidad grupal y el corazón de cada uno posibilitaron este ascenso. Hubo sufrimiento, pero también alegría. Minutos antes de la revancha con Chicago vimos un video casero donde se mostraba la pretemporada, los malos momentos, el sacrificio que hicimos. Y eso nos sirvió y nos motivó mucho. Llegamos a la cancha de Argentinos cantando en el micro y con mucha confianza. Sabíamos que dependíamos de nosotros y por suerte se nos dio.


 

Martes 1 de Julio de 2008 | Fútbol Profesional

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