HISTORIA DE LAS FINALES (II parte y Final)

Los números de las finales de Los Andes están en rojo todavía: 2 ganadas y 3 perdidas. Pero las últimas significaron dos ascensos y todos sabemos lo que eso significa.

Por Pablo Varela y Pablo García

Aquellos malditos penales

Tercera final de Los Andes, una tarde otoñal de abril de 1992, más precisamente el 15. El equipo del Lobo Juan Carlos Zerrillo había accedido a esa instancia luego de una carrera de triunfos en la segunda rueda, desplegando un fútbol práctico y lucido donde se destacaban Héctor Atilio Franchoni en la recuperación; Víctor Lucho Martínez en la creación y, arriba, todo el potencial con Orlando Romero, Jorge Stranges, Walter Toloza y José Lugo. Pero finales son finales y con un estadio repleto de hinchas Mil Rayitas, Duró de cabeza había abierto el marcador en un primer tiempo más luchado que jugado. Pero en el segundo tiempo Franchoni, por la misma vía, estableció el empate y le dio vida a la ilusión lomense. En el alargue no se sacaron ventajas y hubo que definir por penales. De cara al pequeño grupo de hinchas llegados desde el oeste y con Serrato por un lado y el Tarta Tomás Quiroga por el otro, llegó la definición que nos fue nuevamente adversa. Para Los Andes marcó sólo Omar Torres; el Flaco Galeazzi lo desvió y a Víctor Martínez se lo atajaron. Para Ituzaingó señalaron Lúquez, Vidic, el Chulo Rivoira y Cudós.

Siempre hay una primera vez

La final del torneo reducido 1993-1994 de la 1era B Metropolitana arrancó en el Gallardón el 26 de junio de 1994. Los Andes tenía su justa revancha después de dos años. Aquella tarde también nos unió la tribuna Horacio Palacios, como viene ocurriendo últimamente. El equipo de Hugo Zerr venía de eliminar a Defensa y Justicia en la primera fase y al mismísimo Tigre, campeón del torneo Clausura, en Victoria y por penales, en un partido para el infarto.
Armenio, que era filial de San Lorenzo, contaba con jugadores reconocidos en el fútbol de ascenso -y luego algunos en Primera División- como Hugo Smaldone, Alex Rodríguez, Rubén Forestello, Carlos Bangert y los tres González, Eduardo, Javier y Adrián (los dos últimos jugaron en el milrayitas), entre otros. Mientras que en Los Andes brillaban Villagrán, Rubén Córdoba, Héctor González, Esteban Fuertes y Orlando Romero, entre otros.
El planteo de ambos equipos fue cauteloso en el primer período y se estudiaron bastante. Pero Hugo Zerr, sacó el as de la manga a los siete minutos del complemento y lo envió a la cancha: Gilmar Gilberto Villagrán. Tan solo pasaron ocho minutos de su ingreso para que convirtiera un golazo, tras toque de Esteban Fuertes en un tiro libre y definiera el primer chico.
Una semana después, se disputó la final en Lanús, donde Armenio fue local. Los Andes no dejó acomodar ni al rival, ni al público. Quince segundos bastaron para que Hernán Da Graca, hijo de Abel y nieto de Manuel, convirtiera y desnivelara para el Milrayitas. 
A los 31´, Alex Rodríguez convirtió la igualdad y volvió larguísimo el sufrimiento de los hinchas de Los Andes. Fue empate, hubo vuelta olímpica para Los Andes y regreso al Nacional B.  El mismo día en que la selección Argentina, conducida por Alfio Basile, quedó eliminada ante Rumania en el mundial, Lomas de Zamora festejó un nuevo ascenso del milrayitas hasta largas horas de la noche.

 El “equipito” del Gordo


Muchos se preguntaron aquel 15 de agosto del 99, que sería de Los Andes con ese grupo de jugadores desconocidos que habían llegado, luego de un pésimo torneo anterior. Salomón, Armoa, Bressán, Noce, Ferrer, Arce, Nasta, Sala, Ribolzi, toda una incógnita, despejada en forma rápida por un bombazo de Rubén Ferrer desde 30 metros que nos dio el primer triunfo del año, allá en Villa Raffo. Y después la historia conocida y repasada, cientos y miles de veces: un equipo que fue creciendo poco a poco, que cultivó el bajo perfil, que hizo del trabajo grupal su filosofía. Que en definitiva se convirtió en uno de los mejores conjuntos de la historia del club, junto al de 1960 y el de 1967-1968. Un equipo que estuvo toda una rueda sin perder y al que le faltaron dos minutos para llegar a las finales directas por el ascenso en aquella nefasta y recordada noche en cancha de Quilmes. Pero a muchos con lágrimas en los ojos los vi jurar que íbamos a volver a esa cancha. Y cómo volvimos. Pasaron menos de dos meses y Los Andes definía un ascenso ante el mismo rival. No... si ese grupo fue grande hasta para eso. Supo aprender la lección y volvió por lo que le habían arrebatado. Atrás habían quedado en fila Independiente Rivadavia de Mendoza, Almagro, y el vecino que quedó haciendo puchero el 1 de julio de 2000. 
Por fin llegó la final, el 8 de julio de 2000, 2-0 en Lomas, tarde lluviosa y corazones calientes para la enésima patriada del gordo Ferrer en todo el torneo que puso el 1-0 de puro guapo. Luego, sobre el final la corrida interminable del Galgo Dezotti para que Cuca Arce la empujara al gol debajo del arco. Luego claro la caravana monumental del 16 de julio, con un frío que calaba los huesos y más frío aún cuando el viejo Pirata de penal nos paralizaba el corazón. Pero ese equipo tenía categoría y no se atrasó, la siguió peleando de ida y vuelta, entonces el cielo se abrió para que Fabio Pieters entrara en la historia del club con aquel toque sutil ante la salida de Lema.

 

En síntesis, fueron 5 (cinco) finales disputadas por Los Andes, con un saldo negativo de 3-2.

 

Pero cuando le cuento a mi amigo Ricardo, enfermo de Los Andes, sobre esta estadística, él con su gran filosofía de miles y miles de batallas, me dice:

 - Déjate de joder con esos números y con la historia que no sirven para nada, lo único que sé es que el lunes empatamos...

 - Cómo que empatamos, tenemos que ganar Ricardo – le digo ofuscado-

 - No... papá,  empatamos... empatamos claro, empatamos la serie, pelandrún, nos ponemos 3-3 en las finales, y anda cantarle a Gardel.

 

Jueves 12 de Junio de 2008 | Datos y Estadísticas


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