Meterse en el agua y en la historia

La pileta olímpica, que reabrirá este domingo, fue siempre la joya de la sede. "No es broma: a cierta hora no había lugar para tirarse", recuerda un socio que la disfrutó. Que vuelva a ser así.

 

Por Leo Torresi

Un párrafo de la nota de El Grafico, de febrero de 1957, sobre la inauguración de la Pileta Olímpica de Los Andes:

El encomiable dinamismo de estos hombres es un verdadero ejemplo para muchos que solo se sienten atraidos por los éxitos deportivos. Concretar un natatorio de esta naturaleza significa abrir un magnífico horizonte a muchos pibes de la zona y eso tien un incalculable valor”.

Fue así. Por eso, tirarse a nadar en la pileta de Los Andes es meterse en la historia. La Olímpica es un monumento social y patrimonio arquitectónico de Lomas. Que la hayamos recuperado para los socios es una de las alegrías del año. Y es saldar una deuda con los soñadores de hace más de medio siglo.

Casi curricular: era terminar la escuela y anotarse en la pileta. El chapuzón era un premio. A los mejores alumnos de los séptimos grados les regalaban un carnet de temporada. En Lomas, calor no pasaba nadie. Solo había que pasar por el túnel, pasar la revisación y no perder la chapita. Los números despiertan asombro. En 1968 se vendieron 3.096 carnets sanitarios, la gran mayoría para las categorías infantil y cadetes. Los Andes estaba lleno de chicos y de jóvenes.

Y no eran solo remojones y horas al sol. También se practicaban formalmente natación y waterpolo. Con tanto entusiasmo que las autoridades consideraban “una lástima que solo se pueda contar con los meses de verano” para esas disciplinas.

"No es broma: en la pileta a cierta hora no había lugar para tirarse”, cuenta Rubén Telechea, que conserva una verdadera reliquia de cartón corrugado: su carnet de la temporada 70-71. “La pileta estallaba. Las tribunas se llenaban y la gente se iba al terreno que da sobre Sixto Fernández, el 'solario', como le decían."

Algunos sábados -hace memoria Rubén- había que “cortar” la pileta más temprano porque en la sede había baile. “Me acuerdo de uno con la actuación de los Golden Boys, unos truchos imposibles que tuvieron su momento de fama”.

Con los años, el público aflojó. Es verdad: al natatorio le faltaba “verde”. Era pasto, no la pintura desangelada con la que estuvo embadurnada la tribuna durante la última década. Una idea a la altura de la “gestión “ del concesionario y su política de abandono y desprecio por la historia y los socios de nuestro club.

La sede se recuperó y ahí estaba la pileta, inmensa, hasta desafiante. Se sabe: cuando no hay voluntad hay mil excusas; y cuando la hay hay mil recursos. Entonces la subcomisión Sede Social, en coordinación con la Comisión Directiva, se puso a trabajar con toda pasión y esfuerzo.

La tribuna pasó de verde a rojo. Y la pileta quedó pintada con azul intenso y nuestro escudo en el medio. La pintura llegó por una donación. El trabajo los pusieron los socios. Unidos por la felicidad, que en el verano siempre viene con agua. 

  

Jueves 20 de Diciembre de 2012 | Info Diaria

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