Jugamos todos

“Cada vez que hablé con el Sitio Oficial, ganamos”, nos dijo el utilero Gustavo Loustau. ¿Qué hicimos nosotros? Nos dimos una vuelta por su zona de influencia y de paso, tomamos algunas fotos de la intimidad. Cábalas por el triunfo...

En las charlas anteriores hablabas de la utilería y siempre aspirabas a más. ¿Cómo te sentís en Los Andes después de 8 meses?
A lo que encontramos, hoy es la utilería de un equipo de Primera A. Yo el otro día le decía al vicepresidente Daniel Degano que haga un partido con el Barcelona y nosotros vamos a ir vestidos como corresponde. Antes queríamos tener la mejor utilería, hoy tenemos la mejor utilería. Ya no hay dudas de eso. Obviamente uno siempre quiere más porque así somos los utileros.  Pero yo estoy feliz con la utilería de Los Andes y eso se lo debo a los dirigentes de Los Andes, con Rubén Salerno a la cabeza.

Para aquel que no lo sabe, ¿cómo es un día en la vida de un utilero?
Nosotros venimos siempre dos horas, dos horas y media antes de que llegue cada jugador. Primero preparamos la ropa que se va a usar para el entrenamiento de ese día y a veces nos queda repasar algún botin o zapatillas del día anterior. Y después preparamos el mate, el café, la leche, para que cuando vengan los chicos, el que quiera pueda desayunar. Y siempre sale una previa con mateadas, cargadas, risas hasta que a las 8:50 arrancan con el profe, Raúl y el Chelo el camino a la cancha.

Y, ¿qué significa para vos esta profesión? ¿Te adaptaste al Mundo Los Andes?
Para mí ser utilero es un orgullo. Y es un orgullo bárbaro estar en este club. Hoy quiero que Los Andes gane todos los partidos. Uno no dice que se va haciendo hincha, pero sí le tengo un cariño especial y aprende a querer a toda la gente en el día a día. Por eso te da bronca cuando no se dan las cosas. Yo trato de hacer lo mejor por los muchachos. Poniendo una percha, dándoles una media, un buzo al arquero, la combinación de los colores. Todo es por ellos.

En tus manos está la imagen del equipo…
Lo que uno ve adentro de la cancha es gracias a los dirigentes, a la gente de Sport 2000, a Nico (por el ayudante Nicolás Farías), mi compañero, el famoso Flogger. Por ejemplo, el otro día contra Temperley, ver vestidos así a los jugadores, me emocionó. Al menos es lo que sentí yo. Después el hincha podrá decir si le gusta o no. Lo que pasa es muchos no saben como se vive en el día a día. No es ponerse una camiseta y nada más. Hay un montón de cosas previas para llegar a ese momento.

Y en ese detrás de escena es cuando el utilero empieza a conocer al jugador…
Seguro. Con el tiempo, el fútbol te deja muchos conocidos y algunos amigos. Yo hoy yo tengo una relación bárbara con los muchachos, mismo con el Tano (por el kinesiólogo Mauricio Di Benedetto), que me lleva y me trae todos los días a mi casa. Inevitablemente te vas haciendo de una amistad muy saludable. El otro día comimos un asado en casa con 4 o 5 muchachos y lo que menos hablamos es de fútbol. Hablamos de nuestras familias, de nuestros hijos, fuera del hábitat del trabajo. Y aclaro una cosa por las dudas: invité a un grupo porque no tengo un quincho para 33 jugadores, pero ya los voy a llevar a todos.

Antes destacaste a tu ladero Nicolás…
Sí, Nico también es muy querido para el grupo. El está con nosotros hace 5 meses y entró en el corazón de los muchachos muy rápido. Es un pibe que no sabía nada de esto y hoy reconoce la ropa que va para cada uno y sus botines. Pero lo más importante es que se toma todo en serio y no viene a pasar el tiempo. Es de mucha ayuda para nosotros.
 

Viernes 23 de Marzo de 2012 | Fútbol Profesional


subir