Al estilo de Rizzi

Mario Rizzi abre la puertas del plantel. Antes de volverse a Lomas, el técnico Milrayitas respondió las preguntas del Sitio Oficial y se entusiasma con este nuevo desafío. "Voy a trabajar para ganar todos los partidos", aseguró.

Por Leandro Saltamerenda (enviado especial)

¿Cómo tomaste este regreso a Los Andes? Primero con mucha alegría. Desde que me fui tuve la sensación de que en algún momento iba a volver. Más que nada porque mi primer ciclo había terminado bien y con mucha expectativa. Los Andes es de esos equipos de donde no te querés ir nunca. Así que estoy feliz y por supuesto que por afrontar un desafío muy grande, ya que vengo de vivir una situación parecida en Almagro. Por suerte ahí la historia terminó bien y en el momento que podía empezar a disfrutar un poco más las cosas decidí cambiar de aire y venir a Los Andes para arrancar de 0. A veces son riesgos que hay que tomar, pero estoy acostumbrado. Este es un equipo que hace 21 fechas que no gana y está en una posición totalmente injusta. Creo que ha perdido y empatado muchos partidos increíblemente y la realidad es que no merece estar ahí. Por eso, antes que nada tenemos que trabajar la cabeza y después viene lo físico y lo táctico. Yo soy simple y quiero que salgamos a ganar en todas las canchas. Es así de fácil; hay que recuperar la autoridad.

¿Es una de las paradas más importantes de tu carrera? Porque vas a agarrar a un equipo que está último en la tabla y muy cerca de la zona del descenso…   Sin dudas. Pero tiene que ver con mi forma de ser, con el trabajo, con esta profesión. Me gustan los desafíos fuertes. Siempre dirigí a equipos que están obligados a salir campeón y si salís segundo es un fracaso. Y Los Andes es uno. Yo estoy convencido de qué este es el lugar donde tengo que estar y voy a trabajar para ganar todos los partidos. El otro día hablé con los chicos y les dije que esta sensación de tanta impotencia, de tanta tristeza, hay que usarla y tomarla como parámetro para mejorar. Y hablo de transformarla en bronca y no olvidarse para que no nos pasé más. Tenemos que tratar de encontrar un equipo que tenga la capacidad de ir a agredir al rival, que ataque con 5 o 6 hombres, que desde el primer minuto que pisas una cancha visitante le demostrás al rival que le vas a ganar y por último, usar nuestro estadio como fortaleza. Es una ventaja tremenda para nosotros y que le sirve muchísimo a mi juego.  

¿Cómo te recibió el plantel? ¿Cómo han sido estos primeros días de convivencia? La verdad que los chicos me sorprendieron. El cambio fue inmediato. Tal es el punto que cuando volvemos de los entrenamientos vienen cantando en el micro y dicen que van a ascender este año. Entonces, esa alegría, ese contagio es muy importante. Por lo pronto tenemos que ganar el primer partido, el segundo y todos los que vienen. Y si no es posible, hay que sacar todos los puntos que podamos. Yo fui muy claro cuando llegué y les recordé que éste era un torneo nuevo. Qué lo empezábamos ahora todos juntos y había que ganarlo. Y ellos lo entendieron. Se los ve unidos, los que vinieron se sumaron sin problema y se ha creado una convivencia muy amena. Estan todos contentos y sin nada en la cabeza que los perjudiqué. Y si somos felices y estamos tranquilos eso te permite alcanzar lo que yo buscó: jugar bien al fútbol.

¿Qué nos podés decir de los refuerzos que han llegado? Mecha es un jugador que el hincha de Los Andes lo conoce y yo lo he visto algunos partidos. Y me ha impresionado muy bien. Cuando los dirigentes me mencionaron la posibilidad de traerlo no dudé. Dijé que sí, que era un delantero bárbaro y que nos iba a servir mucho. Después lo de Gandarillas fue una noticia muy linda para mí. Yo hace años que quería volver a trabajar con él y por suerte nos reencontramos acá en Los Andes. Es un volante de experiencia, que lo querían todos los clubes de la categoría y eligió ponerse esta camiseta.  Además está intacto, increíble, corre más que los pibes…. Encima en dos días llegó y se puso el traje de protagonista. Es lo que estábamos necesitando. En cuanto a Damián Cirillo es un jugador que pusé en Primera cuando estaba en Tigre y salimos campeones. Y él después se fue a Suiza, jugó cinco años y lo volví a ver hace poco haciendo goles en la Copa Sudamericana: al Palmeiras, al Colo Colo. Entonces lo llamé, hablamos y él me dijo que estaba con muchas ganas de jugar en la Argentina. Es un jugador que justifica estar en un club como Los Andes. Y por último, de Marcelo Burzac mucho no quiero decir. Simplemente quiero que los hinchas lo vean jugar. Para mí es uno de los mejores futbolistas que ví en los últimos años. Por suerte pude traerlo. Quizás el precio que pagamos fue bastante caro para que venga, pero ya está. El está muy feliz y los dirigentes lo trataron muy bien. Creo que hicimos las cosas bien y esperemos que las consecuencias sean como todos pretendemos.

Desde lo físico se ha realizado una pretemporada muy intensa, como hace mucho tiempo que no se hacía. ¿Por qué tanta intensidad en una preparación de mitad de año? Yo creo que tiene que ver con lo que hay que hacer. Si no no sirve, si no venimos a pasear... Y esto lo pudimos lograr porque vinimos a Mar del Plata. Antes de arreglar lo hablé con los dirigentes y ellos me dijeron que teníamos que ir a Las Clavelinas. Y yo fuí claro. Si íbamos a Maschwitz, los jugadores a los tres días nos pegaban un palo a mí, a ellos, a todos. Y es lógico. Detrás del esfuerzo físico siempre hay una acción psicológica y hay que tenerlo en cuenta. Lo notás en el ambiente, en los lugares de entrenamientos, en las salidas... Para muchos les parece una pavada, pero acá los matamos entrenando y después los incentivamos yendo al mar. O les das dos horas libres para que caminen. Entonces son detalles que suman. Y ni hablar que podes hacer amistosos, que la exigencia es mayor, que están mejor predispuestos…

Sorprendió mucho que hayas decidido hacer todos los días fútbol. ¿Fue una manera de compensar la inactividad? ¿De sumar rodaje antes que el resto? Claro. Desde que empecé en All Boys siempre utilicé el mismo mecanismo. Y lo tomé como experiencia de haberlo visto en Holanda. Entonces, todas las tardes hacemos 60 minutos de fútbol. Más allá de que la pretemporada es un 70% físico, yo le dije al profe que tenía ese tiempo para trabajar. Después no me importa si hace dos, tres o cinco turnos. El fútbol, toda la vida. ¿Después qué haces? ¿Subís una montaña? No, te pones la camiseta y salís a la cancha. Entonces, el físico es un complemento muy importante, pero no podemos dejar de darle a la pelotita.

¿Y en el campo de juego cómo los viste? Los ví bastantes contenidos, con ciertas dudas. Pero es lógico por la situación en la que estamos. Por ahí el volante pasaba al ataque y cuando se encontraba cerca del arco les parecía algo extraño. Y sucede muchas veces. No por estar con un entrenador o el otro. Son estados de ánimos. Es algo que le pasa a un equipo que no gana hace 20 fechas. Igual, dentro de todo, lo fuimos revirtiendo. A medida que fueron pasando los días se animaron más. Es como que atacaron de otra manera, aprendieron a retroceder en el campo. Y muchos dicen que mis equipos se descuidan atrás, pero nada que ver. Siempre me caractericé por tener las vallas menos vencidas, por hacer hombre a hombre atrás y esquemas combinados, de mucha marca y presión. Y después lo que yo les digo. Hay que ser ordenados para defender, pero hay que desordenarse totalmente para atacar. Como el fútbol es engaño, nosotros tenemos que sorprender al rival. Por eso mi lucha en contra de los carrileros, esa función que arruina a los chicos, los hace limitados. Entonces, ¿qué es eso? No me gusta. Yo busco potenciar el funcionamiento individual y esto no quiere decir que los demás sistemas son mejores o peores que éste. Simplemente el mío es así y he tenido buenos resultados. Yo quiero salir campeón y para ganarle a todos hay que jugar de esta manera.

Sábado 15 de Enero de 2011 | Fútbol Profesional


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