Recuerdos de campeón

Ahora sí: Los Andes le ganaba a Talleres y ascendía a Primera División. Fue hace 50 años, justamente un 12 de noviembre. Imborrable. Mágico...

Por Jorge Manuel Fernández Suárez

A las siete de la mañana ya trepaba de las paredes. Me parecía que nunca iban a  llegar las cinco de la tarde, aquella hora soñada por todo Lomas. Estos noventa minutos que nos llevarían a la gloria y a la historia, la que aquí les conté. La pequeña tribuna visitante de Talleres quedó chica, donde la pasión Milrayitas se instaló muy temprano en ella. Cuando salió el equipo se desató el carnaval y no se pensaba en otra cosa que no fuera la victoria.

El equipo jugó con gran entereza este partido. Siempre se dice que el remate a una faena es lo más difícil, pero en esta ocasión se encontraba con un rival que peleaba por aferrarse de cualquier manera a la categoría. Talleres no era un mal equipo de fútbol, aunque los imponderables lo habían colocado en tan incomoda situación. Y la parada era complicada. La sobriedad, la eficacia, el convencimiento de nuestros jugadores, llevó a sortear con bastante holgura este escollo final.

No parábamos de cantar en la tribuna cuando, a los 32 minutos, se abrió la lata: combinó Figueroa con Pedutto, que con la velocidad mental que lo caracterizaba, profundizó la pelota hacia Migone, y éste, con violento tiro cruzado, marcó el gol. Fue una explosión, una alegría inenarrable.

La radio Spica informaba de la derrota parcial de Tigre (sería definitiva), pero eso ya no importaba. Los Andes ganaba por sus cabales y todos los intentos de Talleres eran infructuosos. En el descanso se planeaba el regreso a Lomas y la fiesta, porque nuestra parcialidad tenía toda la seguridad que obtendríamos esa tarde el título.

En el complemento, el juego fue más peleado que en la etapa inicial: Talleres, acosado por su hinchada, se lanzó a un ataque frontal. Sin embargo, a los 25 minutos, Pedutto metió un sensacional pase en cortada a Baiocco, y el delantero, con su serenidad habitual, marcó un golazo que vino a festejar hacia el alambrado pegado a la tribuna en que estábamos los fieles seguidores. Al festejo se unieron Pedutto y Giaimo, momento que fue reflejado en una foto, que ya está en la historia gráfica de los grandes momentos Milrayitas.

Luego, la locura y el aliento incesante, que no mermó aún después del descuento de Talleres (un penal bien ejecutado por Mentaste). Durante los últimos minutos manos diestras desenterraron el alambrado para hacer paso hacia el campo de juego de gran parte de nuestra hinchada. Apenas terminado, nuestros jugadores quedaron rápidamente en paños menores. La mayoría de ellos se refugiaron en los vestuarios, pero el cerebro del equipo, Héctor Walter Pedutto, no tuvo tanta suerte y acompañó a la hinchada en la vuelta olímpica, que no dieron el resto de sus compañeros.
 
Me acuerdo que corrí hasta la vanguardia que el encabezaba y me colgué de su cuello gritándole mi euforia. La voz del estadio felicitaba "al merecido campeón", "deseándole suerte en esta nueva etapa". La vuelta olímpica pasó por la tribuna de los seguidores de Talleres y nuestro canto fue unánime: "Talleres, corazón, Talleres corazón". Mientras tanto, esa noble hinchada que había visto el descenso de su equipo nos brindaba un aplauso cálido y prolongado: fair play en su máxima expresión.

No menos de media hora permanecimos en el campo de juego para luego salir en caravana por la Avenida Pavón (actual Hipólito Yrigoyen) desviándonos por un momento hasta la estación de Banfield. Allí compartimos nuestra euforia con los vecinos y, después, retomar la avenida hasta nuestra sede, donde el altavoz saludaba a los campeones. Algunos pretendieron tirarse a la pileta vestidos, pero finalmente desistieron. Ya en ese momento, el tránsito estaba cortado. Lomas era una fiesta que se prolongó hasta muy tarde. Faltaban tres fechas para finalizar el torneo, aunque todo estaba definido: la algarabía se había instalado en Lomas.

La prensa, en general, festejó el triunfo "de un chico que se hizo grande". Los diarios titulaban: "Los Andes acreditó méritos y estilo de gran campeón" (Correo de la tarde); "Una Jornada jubilosa se vive en Lomas de Zamora" (La Razón) y “Sube Los Andes, Club con destino de cumbre" (Crítica). Para dar una idea de lo que desarrollaban los periódicos en torno a la gran hazaña protagonizada por nuestro club, comparto parte de la nota del diario Clarín que tituló "Los Andes al domingo" y subtítulo llevaba inscripto: "Triunfó por bueno y a lo grande". Así decía el matutino: "Al grito de ¡Campeones! ¡Campeones! todo Lomas de Zamora ha salido a las calles y el apacible sur bonaerense vibra de júbilo. Es que Los Andes, el modesto clubcito de la zona, ha concretado el más caro anhelo: alcanzar la Primera División. Y este hecho, que de por sí reviste la trascendencia que mana de todo triunfo logrado a fuerza de corazón y en base al entusiasmo de un puñado de voluntades mancomunadas para llevar a cabo una difícil empresa, adquiere contornos superiores sí destacamos que es la primera institución -desde que se instaló el profesionalismo- que conquista la categoría privilegiada. Todos los que le precedieron en el ascenso no hicieron mas que reconquistar la división en la cual tiempo atrás habían militado. Y ahí radica, quizá, el mayor merito de Los Andes. Y es por eso  que Lomas de Zamora vive horas de alegría y lágrimas en la celebración del buen éxito que coronó la campaña de su hijo dilecto. Porque Los Andes ganó por bueno, a lo grande”.

Brindemos por ellos. A 50 años de este grito, a 50 años de esta vuelta. Por siempre gracias. Y ¡Salud!

 

FOTO 1: De memoria. Los 11 gladiadores del Milrayitas. Los campeones.

FOTO 2 Y 3: Los goles de aquella tarde soñada.

FOTO 4 y 5: Tiempo de festejar. Adentro y afuera de la cancha.

FOTO 6: Así se vivía este título. ¡Tres HURRAS para Los Andes!

Viernes 12 de Noviembre de 2010 | Datos y Estadísticas

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