Cuando cumplimos el sueño V

Imborrable. El gol de Fabio Pieters a Quilmes y todo un pueblo festejando por la vuelta a la máxima categoría. Nota especial con el Cuervo, el muchachito de la película...

Por Pablo Varela

Esa carrera loca, con los ojos puestos en el cielo como buscando que bajara el ángel que lo había señalado para convertirse en héroe.
Esa imagen conmovedora de Fabio Pieters festejando el empate ante Quilmes, que le daba a Los Andes la categoría de Primera luego de 29 años, está grabada a fuego en el alma de cada hincha Mil Rayitas.
Allí estábamos esa tarde helada de julio del 2000 apiñados, expectantes, esperanzados en que algo grande iba a ocurrir. Y ese equipo, que digo equipo, ese equipazo no nos defraudó y fuimos testigos de una gran hazaña que ya está cumpliendo 10 años. Sí parece que fue ayer, qué nostalgia viejo....

Desde Córdoba, donde acaba de firmar en Talleres, el Cuervo Pieters, el nacido en Rojas y criado futbolísticamente en Lanús, pero hijo dilecto de Lomas, nos habla de aquella gran aventura:  “El grupo que se armó ese año era una cosa bárbara. Un grupo humilde que se preparaba para salvarse del descenso y que de un momento a otro se encontró con que estaba para más”.
“Me acuerdo –continúa Fabio- cómo nos reíamos con Salomón, el panza Bressan y el loco Armoa, todo el contingente Granate que había llegado, cuando mirábamos la tabla de posiciones al termino de la primera rueda y estábamos bien arriba. No lo podíamos creer”.

Y claro todos lo recuerdan, Los Andes venía de una campaña muy pobre en la 98-99 y necesitaba puntos. Pero los nombres que llegaban no eran muy conocidos en el ascenso y tenían una experiencia mínima en primera. La mayoría habían llegado a préstamo y las dudas naufragaban en el cielo de Lomas. Pero bastó que Rubén Ferrer sacará un misil desde 30 metros en el primer partido con Almagro de visitante para que nos miráramos con Ricardo y con un gesto extrañado dijéramos....”Epa acá hay algo que empieza a gestarse”.

Se veía que teníamos un grupo joven con ganas de trabajar y por sobre todo, talento. “Claro -dice Pieters-  yo me sume más tarde porque me habló el Seba Salomón, ya estaba Bressan y Armoa y sabía que no tendría chances de jugar en Lanús. Entonces me convencí. El tema es que Jorge armó un plantel bárbaro; teníamos mucho recambio. Cualquiera podía jugar y disfrutábamos de cada partido. Era un grupo excelente, al que le tocaba jugar lo hacía en función del equipo sin mezquindades. Fíjate que en la primera rueda todavía no había un equipo titular, si no que había varios jugadores que podían jugar en distintos puestos. Eso habla de la riqueza que había en el plantel y si a eso le sumas la parte humana, bueno ni que hablar. Era un buen ámbito para laburar”.

La voz de Fabio llega lejana, pero cálida desde la provincia mediterránea. Cuenta que tiene como compañeros a dos ex vecinos, uno no muy bien recordado por Lomas: el cuida palos ese llamado.... ¿cómo se llamaba?,  ese que nos menosprecio en el torneo pasado y el Mecha Luis Rodríguez se la mandó a guardar para dejarlo con la boca abierta. El otro, un rubio cuyo padre jugará en el Milrayitas en la década del 70´. Dicen que lo gastan con un 2-0 y un 3-2 en el Gallardón de otras temporadas más lejanas…

“Sí claro –se emociona Pieters-, Los Andes es un grande. Como me voy a olvidar de esa final en Quilmes con las dos bandejas a reventar. Tengo grabados en mi celular los dos goles que le marque a All Boys en Floresta y el de la final. Fueron los gritos que más recuerdo en mi carrera. Nosotros teníamos la espina de ese empate sobre el final en la rueda clasificatoria, pero estaba escrito que íbamos a volver a esa cancha. Había sido como una promesa, queríamos la revancha  y luego nuestra marcha en el Reducido nos iba acercando lentamente a esa posibilidad”.

En la segunda ronda, el equipo se terminó de consolidar y comenzó a tener una regularidad muy importante. Se lograban triunfos de local y se mantenía la valla invicta porque la defensa y el arquero sostenían a un equipo que te mataba de a poco: te cerraba los caminos y te ganaba sin atenuantes.

“Yo tuve una lesión importante en el tobillo en los últimos partidos de diciembre del 99´ -recuerda Fabio- y no pude hacer bien la pretemporada. Pero cuando me recupere, Jorge Ginarte me dio la confianza necesaria para sentirme útil en el equipo. Todos estábamos para jugar y no había una competencia desleal; el que entraba respondía y así se hacía más fácil soñar con algo grande. Igual, el merito de todo lo tuvo Jorge, que armó un grupo con ambiciones, con hambre de gloria como se dice. Siempre le estaré agradecido al espaldarazo que le do a mi carrera. Luego pude jugar en Primera con Los Andes, porque él me confirmó su apoyo y más tarde pude seguir en otros clubes con la misma eficacia. Esas son las cosas que te deja el fútbol”.

La charla se extiende a la distancia y sabemos que los sentimientos son reales, porque recordamos que le tocó volver, también de la mano de Jorge, en un torneo difícil como el Nacional B 03-04. Quién puede olvidarse que en aquella negra jornada en el estadio Córdoba y con el descenso consumado, fue Fabio Pieters, también el Chiche Migliardi, otro héroe de aquel ascenso, el primero en acercarse a una tribuna abatida para arrojarle la camiseta como un gesto de reconocimiento a los que confiamos en él.

“Fue algo hermoso lo que viví con ese ascenso. Me acuerdo los días que concentrábamos ya cerca de las finales, allá en Constitución y el hall de entrada estaba lleno de hinchas, que venían a apoyarnos y alentarnos. Y nosotros también nos prendíamos: los jefes de la hinchada eran los hermanos Pedro Mauricio y Diego Levato. Si hasta teníamos un bombo que hacíamos sonar hasta altas horas y los dueños del hotel nos querían matar.  Pero nosotros meta cantar y cantar en la puerta y ni que hablar el día anterior a la final en el Palace. Fue una fiesta que nunca voy a olvidar, El cariño que le tengo a Los Andes es muy grande y eso siempre lo llevaré conmigo vaya a donde vaya”.

El telón se baja y luego de los mejores deseos para la institución, para todo ese enorme plantel, cuerpo técnico y dirigentes, el recuerdo emocionado por la pérdida irreparable de un grande como Jorge Ginarte, Fabio Pieters cuelga el teléfono y queda flotando en el ambiente la nostalgia impercedera de un recuerdo que lleno el corazón de toda la familia de Los Andes. Para él queda la satisfacción de saber que entró con todos los honores al museo de la historia grande del Milrayitas, una historia escrita con trabajo, sacrificio y humildad.


Jueves 15 de Julio de 2010 | Datos y Estadísticas

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