Cuando cumplimos el sueño IV

Y se hizo realidad. Los Andes barrió a Quilmes en la final y así logró volver a Primera después de 29 años. Sí, cómo no festejarlo. Vamos a revivirlo...

Por Pablo García

Los Andes no conseguía una posibilidad tan clara de ascender a la máxima categoría desde 1983: estaba a sólo dos partidos de cumplir el sueño. “Tengo muchas ganas de jugar contra Quilmes por la bronca que nos quedó cuando nos empataron sobre el final”, señaló Romerito después de eliminar a Banfield y en referencia a la igualdad en tres tantos con el Cervecero en el último partido del torneo. La revancha llegó: Quilmes (había perdido la finalísima contra Huracán por el campeonato) empató por segunda vez contra Rafaela y, por ventaja deportiva, pasó a la final del Reducido.

El colorido de las tribunas del Gallardón le cambió la cara al invierno gris y lluvioso. El Milrayitas necesitaba mínimamente un triunfo. Para ir tranquilo al Centenario, el Gordo Ginarte se salió del libreto que llevó durante todo el torneo y redobló la apuesta: agredió el arco de Quilmes con tres delanteros -De Sagastizabal, Caiafa y Ferrer-, a quienes en cada ataque se le sumaban Romero y Cuca Arce. Quilmes contó con el Máquina Giampietri, como volante de creación, y solo Domínguez como punta, luchando con los defensores locales. Así se rompieron todos los rótulos discursivos previos: ahora, Los Andes ataca y Quilmes especulaba.

El Milrayitas fue audaz y salió a buscar la victoria, aunque mantuvo su orden y agregó una alta dosis de audacia. El conjunto de Ricardo Rezza no pudo encontrarle la vuelta al partido y le faltaron ideas para generar situaciones de riesgo, que apenas consiguió dos en todo el encuentro: una estuvo en los pies de Domínguez, que remató desviado, y otra fue el disparo de Balanda que controló Sala.

En el complemento, Los Andes siguió con el mismo papel: protagonista. Ruben Ferrer se perdió la apertura del marcador cuando estaba sólo frente al arco. La revancha fue inmediata: Caiafa pasó entre Baigorria y Biasotto y tiró un centro exacto para el Gordo, que remató fuerte para desestabilizar el marcador y hacer delirar a la tribuna Milrayitas.

El local calmó su ansiedad y comenzó con el juego que más le gustaba: el contragolpe. De esa forma, el Galgo Dezotti desbordó por la derecha, cedió para Cuca Arce, que con esfuerzo llegó a tocarla para meterla en el arco. Todo desembocó en el delirio y euforia de todo Lomas. Era el 2-0. "Ahora tenemos la ventaja nosotros. Me voy contento porque estamos cerca de un sueño, aunque falta un partido", manifestó el Cuca luego de la victoria. Noventa minutos nos separaban de la ilusión…

Los hinchas Milrayitas teníamos bien fundamentada su ilusión de mudanza de los sábados a los domingos. Por ese motivo, la caravana desde Lomas a Quilmes llevó multitud y colmó la tribuna visitante del Centenario. Cuando nos empezamos a acomodar, saltamos todos con un ¡¡¡Uhhh!!!: Ferrer quedó frente a Lema, pero el arquero evitó con dos manotazos la apertura del marcador. A tragar saliva: Salomón le cometió penal a Giampietri, que lo efectivizó el Pirata Czornomaz, frenando el invicto de Sala en 685 minutos.

omenzó a atropellar Quilmes desde el manejo de Lenguita y el traslado del Máquina Giampietri. Si bien el trámite parecía controlado por el CALA, hubo que sufrir: sobre el final de la primera etapa, Ceferino Díaz no pudo concretar cuando pisaba el área chica. Los Andes intentaba defenderse lejos de su propio arco y el Gordo Ferrer tuvo alguna oportunidad del empate. Cuca Arce se lesionó por obra del destino, o circunstancia fortuita, y fue reemplazado por Fabio Pieters, decisivo en la finalísima.

Nos jugábamos todo. Sala descolgó una lluvia de centros ante la desesperación del local para extender la diferencia. Y la arremetida del Cervecero casi logra arrebatar el sueño Milrayitas: Bressán despejó en la línea un remate de Baigorria y el 1 desvió un picante disparo de Balanda. Los Andes controlaba los embates del local por medio de la firmeza defensiva, la solidez de su arquero y esperaba agazapado para dar el zarpazo. Hubo algunas oportunidades hasta que el Cuervo Pieters desplegó sus alas, se echó a volar y logró vulnerar en el mano a mano a Lema. ¡¡¡Gooool!! Absortos por lo sucedido, los hinchas Milrayitas explotamos de alegría, entre una marea de abrazos y lágrimas. La suspensión del partido empañó la fiesta, que se había desatado en la tribuna visitante. Sí, algunos dejarían de añorar la década del 60 y otros vivirían a Los Andes por primera vez en la máxima categoría, codeándose con los más grandes.

La caravana volvió a Lomas afónica de tanto gritar. En el Gallardón estaba toda la familia Milrayitas festejando el ascenso. El estadio fue vestido de rojo y blanco por 30 mil almas que no pararon de expresar su alegría, mientras los fuegos artificiales adornaron como guirnaldas el cielo de aquella noche. Los jugadores llegaron en la autobomba; los simpatizantes agradecimos el logro entre cantos y gritos y llegó la vuelta olímpica más esperada: después de 29 años pisaría Primera. Ni el camión autobomba en el Gallardón, ni mil autobombas podían apagar tanto fuego y alegría de aquella multitud que copó nuestra cancha en los festejos y que se prolongaron por varias semanas. Para no borrar de nuestras retinas esta alegría. No hay que despertar… el sueño se hizo realidad: Los Andes ascendió a Primera.

 

En los próximos días vienen las notas con los protagonistas...


 

Miércoles 14 de Julio de 2010 | Datos y Estadísticas

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