20 años, 20 historias: Acariciando el cielo con las manos

La primera alegría en las finales del 2000 dejó a Los Andes probándose la ropa de Primera. Todo desembocó en delirio y euforia; ya solo nos separaban 90 minutos para esa gran ilusión…

Por Pablo García

Imágenes: Gentileza de Paul Bordis

Los Andes no conseguía una posibilidad tan clara de ascender a la máxima categoría desde 1983: estaba a sólo dos partidos de cumplir el sueño. “Tengo muchas ganas de jugar contra Quilmes por la bronca, que nos quedó cuando nos empataron sobre el final”, señaló Romerito después de eliminar a Banfield y en referencia a la igualdad en tres tantos en el último partido del torneo, que lo privó de jugar la semifinal por el primer ascenso. La revancha llegó: Quilmes (había perdido la finalísima contra Huracán por el campeonato) empató por segunda vez contra Rafaela y, por ventaja deportiva, pasó a la final del Reducido.

El colorido de las tribunas del Gallardón le cambió la cara al invierno gris y lluvioso, que no permitía componer el campo de juego cada vez más pesado, a lo que se sumó esa tarde un fuerte viento. El Milrayitas necesitaba mínimamente un triunfo. Para ir tranquilo al Centenario, el ‘Gordo’ Ginarte se salió del libreto que llevó durante todo el torneo y redobló la apuesta: agredió el arco de Quilmes con tres delanteros -De Sagastizabal, Caiafa y Ferrer- a quienes en cada ataque se le sumaban Romero y ‘Cuca’ Arce. La visita contó con Máquina Giampietri, como  volante de creación, y solo Domínguez como punta, luchando con los defensores locales. Así se rompieron todos los rótulos discursivos previos: ahora, Los Andes atacando y Quilmes especulando. “Estábamos seguros que ganaríamos porque éramos sólidos. Entre el frío y la lluvia, la cancha pesada favorecía a nuestro juego, que no era tan vistoso pero si efectivo y directo, de pocos toques y llegadas por las puntas. Eso nos benefició. Quilmes venía golpeado tras perder el ascenso contra Huracán”, nos contó Ferrer.

El Milrayitas fue audaz, se adueñó del desarrollo del partido y dejaron en un segundo plano al favorito, en Cervecero, quien para la mayoría se perfilaba como el candidato. Los Andes salió desde el inicio del partido a buscar la victoria, aunque mantuvo su orden y agregó una alta dosis de audacia.

El conjunto de Ricardo Rezza no pudo encontrarle la vuelta al partido y le faltaron ideas para generar situaciones de riesgo, que apenas consiguió dos en todo el partido: una estuvo en los pies de ‘Chori’ Domínguez, que remató desviado, y otra fue el disparo de Balanda que controló Sala. Ni siquiera el ‘Chori’ pudo aprovechar con un remate lejano cuando el guardavallas Milrayitas, Darío Sala, se estaba cambiando el buzo en medio del partido (tenía uno negro que podía confundirse con el azul oscuro de la visita). Previo a vestir una casaca de color gris, el cordobés no tuvo problema en atajar ese pelotazo en musculosa para seguir manteniendo su racha invicta durante el Reducido.

En el complemento, Los Andes siguió con el mismo papel: protagonista. El ‘Gordo’ Ferrer se perdió la apertura del marcador cuando estaba sólo frente al arco. La revancha fue inmediata: Un pase en profundidad de Lucho Pérez dejó a Gabi Caiafa cara a cara con el arquero Gustavo Lema, tras pasar entre Baigorria y Biasotto. Pero el puntero dejó el egoísmo de lado y se la pasó al 9 Milrayitas que remató fuerte para desestabilizar el marcador y hacer delirar a la tribuna local.

“El gol fue el más importante de mi vida. Mi hijo me dijo que iba hacer uno. Y también me lo había dicho en la primera rueda contra Banfield, por la primera rueda. Esa vez falló: había dicho que iba a hacer tres y metí dos. Después, contra Quilmes, volvió a decirme que metería tres y acertó. Ahora espero que en la semana me pida uno o dos más”, dijo el goleador de Los Andes al diario Olé, tras el partido.

“Es mi mejor momento porque el equipo anda bien y crea situaciones. Es mérito de todos que yo haga goles. Somos jugadores muy fuertes y sólo tenemos en mente triunfar”, señaló el centrodelantero.

Los Andes calmó su ansiedad y comenzó con el juego que más le gustaba, ordenado y saliendo rápido de contragolpe. Claro que minutos después nos invadió un poco la incertidumbre: Nasta recibía una amarilla, con la que acumulaba cinco, perdiéndose la revancha.

Apenas ingresado, el Galgo Dezotti sorprendió a la defensa rival y a pura velocidad desbordó por derecha para ceder un pase al centro del arco que no pudo cortar Lema. Por detrás, el ‘Cuca’ Arce con ímpetu y esfuerzo llegó a tocarla en la puerta del arco. Todo desembocó en el delirio y euforia de todo Lomas con el 2 a 0. “Ahora tenemos la ventaja nosotros. Me voy contento porque estamos cerca de un sueño, aunque falta un partido”, manifestó Arce luego de la victoria.

Si bien la confianza del conjunto había crecido, aún no se habían ido aquellos fantasmas que nos atormentaban: el empate en tres casi sobre la hora en Quilmes. “Ese antecedente no lo queremos tomar como mal presagio. Debemos tenerlo en cuenta y estar prevenidos. Esa vez, pasaron del 1-3 al 3-3 en tres minutos y ahora quedan 90. Todavía falta mucho”, expresó tras del triunfo Ginarte, quien además agregó que Los Andes era el equipo más regular del año, mientras “muchos pensaban que se iba a caer”. “Se cayó pero para arriba, en contra de la gravedad”, ironizó.

“Convivo con la palabra ascenso, que es algo que te puede marcar para toda la vida. La palabra ascenso no está prohibida, se nos hizo carne. Tenemos que ascender”, repetía una y otra vez Ferrer, esa palabra que nadie por cábala y respeto no quería ni nombrar.

Los corazones exaltados, las revoluciones a mil, el sueño cada vez más cerca de pisar la máxima categoría después de 29 años. “Los Andes ya estuvo en primera, y un día tiene que volver…”, se cantaban una y otra vez los hinchas en el estadio. Pero ahora sí se eriza la piel: Noventa minutos nos separaban de una gran ilusión…

 

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Miércoles 8 de Julio de 2020 | Datos y Estadísticas

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