“Aquel ascenso a Primera es un recuerdo imborrable”

A través de sus experiencias y sus 18 goles, incluidos aquellos 4 importantes durante el Reducido, el delantero Rubén Ferrer recordó aquel inolvidable torneo del 2000, que dejó a Los Andes en la máxima categoría.

¿Cómo pasaste de casi a calzarte la camiseta con la banda verde para cruzar de vereda y transfórmate en ídolo del equipo de Lomas?

Tras la salida de Carlos Griguol, Gregorio Pérez tomó la dirección técnica de Gimnasia La Plata y varios jugadores que no jugábamos habitualmente en Primera debíamos buscar continuidad y experiencia en otros equipos. Mi representante por aquel entonces, Roberto Tocho, tuvo contacto con ‘Cachín’ Blanco (DT del Taladro). Tenía casi todo arreglado con los dirigentes de Banfield, incluso salió publicada una fotografía mía con la camiseta alternativa del club en un diario nacional. Pero Los Andes también se había interesado por mis servicios: Jorge Ginarte les dijo a los dirigentes que hicieran un esfuerzo y a través de Armando Tedesco, Vicepresidente de Los Andes quien ya estaba al tanto de los términos del acuerdo con el Taladro, me mejoraron las condiciones y objetivos respecto del clásico rival. Así llegué al Milrayitas, donde además ya estaba un ex compañero del Lobo, Germán Noce. Mi representante tuvo que llamar a los dirigentes del clásico rival, que estaban muy molestos por la situación. Por eso cuando fui el primer partido a la cancha de Banfield me insultaban de todos los rincones, en especial Carlos Portell, quien se acordaba de toda mi familia. Encima les hice los dos goles y después me despaché en el Reducido con otro más, pero en Lomas. Por ese entonces en Banfield me odiaban, era mala palabra…

¿Cómo viviste esos clásicos de aquel torneo, en especial del Reducido?

Los primeros como todo clásico, donde siempre tenés que dejar un poco más y ganar, juegues como juegues. Pero en el Reducido es peor porque si llegás a perder y quedar fuera de todo, te invade una tristeza enorme y golpea el estado de ánimo en los hinchas, los dirigentes y nosotros, futbolistas y cuerpo técnico. Es jodido un clásico en esa instancia. Mientras durante el torneo regular puede pasar más desapercibido o se puede suplantar saliendo campeón. En el Reducido, después de empatar en cero de visitante, teníamos la confianza que le íbamos hacer un gol a Banfield y mantendríamos el arco en cero. Tuvimos la suerte de meterle dos y eliminarlos, tras la suspensión.

¿Esos son los goles que más recordás de aquel ascenso?

Recuerdo muchos. Además de los de Banfield, uno de los mejores fue el primero en la cancha de Almagro con una volea desde fuera del área o el que le hice a Huracán en Lomas, como también los dos a Independiente Rivadavia. También en el primer empate con Quilmes en el Centenario, donde hice tres goles. El mejor de ellos fue el de palomita, que era una jugada que teníamos practicada con Sergio Benet, el estratega en la faz ofensiva: Mauri Levato me pasa la pelota, pivoteó en mitad de cancha y abró con Felipe De Sagastizabal, quien desborda y lanza el centro. Llegué justo para el cabezazo. A los chicos de la escuelita de fútbol infantil, siempre les doy de ejemplo esta jugada para que sepan qué debe hacer un centro-delantero en un contraataque: pivotear e ir al área. También me viene a la mente por la importancia cuando Gaby Caiafa me dejó solo ante el arco para abrir el marcador en la primera final contra Quilmes.

¿Cuáles fueron los puntos fuertes para ganar aquellas finalísimas?

Estábamos seguros que ganaríamos porque éramos sólidos. Entre el frío y la lluvia, la cancha pesada favorecía a nuestro juego, que no era tan vistoso pero si efectivo y directo, de pocos toques y llegadas por las puntas. Eso nos benefició. Quilmes venía golpeado tras perder el ascenso contra Huracán. El Cervecero sintió un golpe psicológico con el primer gol y nos favoreció, ya que comenzamos a jugar mejor y nos agrandamos. Y el segundo tanto fue más tranquilizador. Con ese resultado, sabíamos que era difícil que nos metieran dos goles. Los hinchas estaban seguros y confiados como jugaba el equipo, por eso ese gran respaldo en la final. Si bien comenzamos perdiendo, no nos inquietaban. Y con el empate de Fabio (Pieters) estallamos de felicidad. El ascenso era nuestro. Encima no pude festejar de inmediato porque me tocó el antidoping y estuve como media hora para orinar, mientras escuchaba que celebraban. Cuando llegué al vestuario ya estaban más calmados, pero los hice festejar nuevamente. Después que apagaron las luces en el estadio, también dimos una vuelta olímpica en la cancha ya vacía. Lo más lindo fue el traslado en el camión de los bomberos desde la Sede a la cancha: todos los hinchas festejando y saludando, algo impagable e imborrable de aquel ascenso que queda en el recuerdo, además del grandioso recibimiento en el estadio Gallardón.

¿Fue importante tener un guía como Ginarte para este logro?

Jorge era minuciosos, amigo y compinche de los jugadores. Encarriló y creó en ese grupo un gran equipo. El cuerpo técnico era excepcional y tuvo un gran mérito. Con Noce y Félipe (De Sagastizabal) veníamos dese La Plata y entrenábamos el viernes a la mañana pero concentrábamos a la noche. Y para no estar deambulando, Antonio (Farano), Sergio (Benet) y Jorge (Ginarte) nos llevaban a almorzar con sus familias y dormir la siesta para después ir a concentrar. Iba más allá de ser una relación técnico y jugador, ya que nos abrían las puertas de sus casas. Eso lo intento inculcar en los más chicos. La relación debe ser profesional pero también sentimental porque se debe ganar al jugador, ser amigo y convencerlo de lo que se pretende en cancha. Conjugaban la onda, buena persona y excelente profesional como el secreto del éxito. Nos trataba de la misma manera y se involucraba con todos. Por eso nosotros como futbolistas dejábamos todo por la camiseta. Atrás tenías a esas personas que nos apoyaban siempre.

¿Qué te dejó tu paso por Los Andes?

Sentimentalmente, lo mejor que me ocurrió en la carrera profesional fue haber integrado ese equipo de Los Andes. Tuve la posibilidad de jugar y ser goleador, con festejos propios en los clásicos y hasta en las finales, además de ascender a Primera al club después de mucho tiempo. También, esta experiencia hizo que nos reconocieran en fútbol a nivel nacional, ya que por mi parte solo era goleador en la reserva en Gimnasia. En Rawson, por ejemplo, miraban todos a Gimnasia por Andrés Ylliana y Los Andes por mí, ya que éramos los dos únicos oriundos de la ciudad que jugábamos profesionalmente. A mi familia le pedían camiseta e indumentaria de Los Andes. La ciudad de a poco se hizo hincha del club. Aún tengo mucho contacto con amigos de Lomas y si no hubiese estado la pandemia hubiese sido lindo hacer un festejo de los 20 años. Fue un honor haber defendido esos colores y conseguir el ascenso.

 

Viernes 3 de Julio de 2020 | Datos y Estadísticas

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