20 años, 20 historias: El desatinado calificativo de “antifútbol”

La impotencia de los rivales se hizo carne y el equipo recibía los peores adjetivos. Pero con fútbol, sacrificio, goles y triunfos, el Milrayitas fue callando aquellas voces, avanzando de fases en el Reducido para consagrarse finalmente con el ascenso.

Por Pablo García

Imagenes: Gentileza de Paul Bordis

 

Si bien ya había ido a Rosario, en la primera salida al interior del país superando con creces los 300 kilómetros, Los Andes visitó en Mendoza a Independiente Rivadavia, que llevaba seis triunfos consecutivos en su casa. Los dos conjuntos fueron los que habían acumulado más puntos en la segunda ronda, cada uno por su zona (Metropolitana e Interior).

Aquel inicio del Reducido en el estadio mundialista, fue la piedra fundamental de Darío Sala para que mantuviera su arco invicto durante siete partidos consecutivos, record absoluto en Los Andes al consagrarse con 685 minutos sin que le conviertan goles.

El 1 Milrayitas formó una muralla que no pudo derribar el conjunto mendocino: le ahogó los gritos a Horacio García, Canedo, Favre, el mano a mano de Paratore y los cabezazos de Valdemarín y Zaccanti. ¿Cómo no recordar la excepcional actuación? Si, el ya desaparecido ‘Tapón’ García corrió hasta la tribuna de la hinchada local festejando un gol que nunca fue. Sorprendido, el ex Banfield se dio media vuelta para ver como el gigante, que protegía los tres palos de Los Andes, se había estirado para atenazar la pelota que nunca traspasó la línea.

“Ese día nos atacaron lo que no nos atacaron todo el año y Darío (Sala) tapó 10 mano a mano. Y con el atenuante que estábamos en una provincia con toda la gente en contra y era candidato. Entonces dijimos ‘si no perdimos acá, estamos bien’”, dijo Gaby Lobos, en reportaje a Pablo Varela para la página oficial.

Tras el empate en cero, la impotencia del equipo mendocino se hizo carne: desde el seno de la Lepra se calificó a Los Andes de “antifútbol”: “Solo vinieron a defenderse; así no se puede jugar”, dijo por aquel entonces el DT de la Lepra, Luis Blanco. En este sentido, Lobos sostuvo: “Sí, hasta nos tildaron de antifútbol. Pero nosotros estábamos tranquilos. El equipo sabía a qué jugaba, conocíamos nuestras limitaciones y explotábamos al máximo las virtudes”.

Ya entresemana, Sergio Benet –ayudante de campo de Jorge Ginarte- empapeló el vestuario con los dichos de Luis Blanco. Esto reforzó la bronca de los jugadores, que salieron con el cuchillo entre los dientes. En aquella tarde fresca y lluviosa de otoño, Los Andes en treinta segundos demostró por qué estaba allí, callando aquellas voces. Rubén Ferrer no dejó acomodar ni al rival, ni a la gente en el estadio y sacó un fuerte remate desde la medialuna del área para festejar el primer gol.

Con el agua haciendo mella en el terreno que dificultó el juego, a poco para finalizar la primera mitad, comenzó a definirse la fase: Favre se fue expulsado. En el complemento, Sala le siguió aguando la esperanza a los mendocinos. Adrián Dezotti volvió de su experiencia en el conjunto paraguayo Olimpia a Los Andes para jugar el Reducido y se metió en cancha. El local apostó al contragolpe y estiró el marcador nuevamente con tanto de Ferrer, que festejó tirándose al barro. Así pasó de fase, con todo tipo de dedicatorias para el entrenador de la Lepra.

Ahora llegaba el turno del equipo que más goles convirtió en el torneo, Almagro. Aunque Los Andes tenía a Darío Sala, el arquero menos vulnerado. Sin embargo, a poco que comenzó el partido en José Ingenieros, el guardavalla Milrayitas tuvo una fisura, que subsanó Lobos sacando la pelota de la línea con el tobillo. Después el uno estuvo seguro ante los remates de Couceiro, Figueroa, Rivero, Sparapani y el goleador Tonelotto. Además, los guantes del uno visitante parecían tener un imán ante los centros llovidos en su área. La más clara de Los Andes estuvo en los pies de Felipe De Sagastizabal pero Chaile salvó cuando la pelota estaba por entrar mansa al arco. Empate en cero: Los Andes seguía aprovechando su ventaja deportiva. “Lo mejor es que seguimos sin que nos hagan goles en el Reducido”, dijo Sala una vez finalizado el encuentro. El equipo había cumplido el objetivo de mantener la valla en cero hasta el último partido en esta instancia, con Darío Sala como principal protagonista.

Las inclemencias del clima pospusieron el partido de vuelta. El campo de juego del Gallardón dio cuenta del diluvio del día anterior cuando se suspendió el partido. Por ese tiempo, como ya contamos en el primer capítulo de esta serie, había fallecido Rodrigo Bueno en un accidente automovilístico y Ginarte alimentó su cábala al pasar por delante del velatorio del cantante cordobés, que se realizó en Lanús.

¿Un nuevo golpe de suerte como en Mendoza? Aprovechando la igualdad en la ida, Los Andes tomó bien las marcas ante la embestida del rival, que tenía los números de los jugadores todos alterados: el Beto Pascutti había mandado en cancha a nuestro conocido ‘Cacho’ Córdoba con la camiseta 9, o al goleador Luis Tonelotto con la 4, entre otros, imitando al particular y excéntrico ex entrenador de All Boys, Orestes Katorosz.

El local tuvo la más clara: Noce reventó la pelota en el travesaño. A poco de finalizar y con la desesperación de Tricolor a flor de piel, Caiafa fue derribado por Bernacchia: penal y expulsión para el 1 de Almagro (ocupó el arco el defensor ‘Panchito’ Maciel). Sala merecía su alegría por el trabajo realizado: gol y pasaje a la semifinal. “Tenemos que seguir con el cero en el arco, será fundamental para que lleguemos a la final”, dijo el cordobés que defendía el arco Milrayitas.

En la semifinal debía enfrentar nada más, ni nada menos que a su clásico rival Banfield. Pocas semanas después, ya iba a quedar resonando el eco en los vestuarios del Gallardón de aquella canción creada por el plantel de Los Andes: “¡¡Borombombon, Borombombon, el antifútbol salió campeón!!”…

 

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Domingo 28 de Junio de 2020 | Datos y Estadísticas

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