20 años, 20 historias: el padre de la criatura

Referente, futbolista, técnico y simpatizante del Milrayitas, Jorge Ginarte abre nuestra serie de veinte historias para conmemorar las dos décadas del último ascenso a Primera.

Por Pablo García

Imágenes: Gentileza de Marcos Díaz

Tras una pésima temporada que finalizó a mediados de 1999, Los Andes debía borrar rápidamente ese recuerdo de ser el único equipo que quedó fuera de la clasificación para el segundo ascenso, a la que accedieron todos los demás participantes a excepción de los descendidos. Esa mala campaña lo comprometió con el promedio de descenso.

Un viejo conocido quien vistió, gozó y sufrió con nuestros colores, Jorge Ginarte, abrió un nuevo capítulo como estratega del Milrayitas con el primer objetivo de acumular puntos para no tener la soga al cuello y padecer el fantasma de la pérdida de la categoría.

Con un éxodo masivo de futbolistas, a excepción de Gabriel Caiafa, Gabriel Lobos, los hermanos Mauricio y Diego Levato, Alejandro Migliardi y Marcelo Moya, el histórico baluarte de aquella gran campaña del CALA en 1968 prácticamente tuvo que formar un nuevo equipo, junto a la Subcomisión de Fútbol.

Para la formación del plantel regresó un jugador histórico como Enrique Orlando Romero, ahora como enganche/media punta, al igual que Lucho Pérez y Mario Vera. Llegaron dos jugadores de los clásicos rivales del Milrayitas, Juan ‘Cuca’ Arce, de Banfield y Felipe De Sagastizabal, de Temperley, además de una legión granate: Sebastián Salomón, Andrés Bressán, Fabio Pieters y Adrián Armoa.

También, los dirigentes lograron conseguir los servicios del delantero Rubén Darío Ferrer de Gimnasia, luego de una dura puja con Banfield. Desde el Lobo también llegó Germán Noce. Otros dos reconocidos futbolistas de categorías menores también se calzaron la albirroja: Sebastián Neuspiller –goleador de la D, que jugó en Los Andes su único torneo profesional– y Sebastián Carrera. Además de Martín Gianfelice, se sumó Jorge Rusito Ribolzi y dos jugadores que resultaron claves: Darío Sala y Gabriel Nasta.

Junto a su ayudante Sergio Benet, Ginarte delineó un conjunto en que las virtudes eran la humildad, la solidez, el orden defensivo y la voluntad, y que aprovechaba la salida rápida para sorprender al rival, a través de la velocidad y ocupar espacios vacíos. Pero claro que el largo peregrinaje del 'Gordo' por tantos equipos no era en vano y tampoco le tembló la mano para romper la táctica varias veces e intentar agredir más al rival, como sucedió incluso en la primera final contra Quilmes en la que jugó con tres delanteros, como De Sagastizabal, Caiafa y Ferrer, más el ‘Negro’ Romero.

“Fue el gestor de un equipo que no tenía grandes figuras, que no brillaba, pero siempre estaba luchando contra viento y marea. Ese equipo tenía un pensador fenomenal, un tipo que estudiaba a cada rival, que conocía los secretos de cada uno y sabía cómo jugarles; ese tipo era Jorge Ginarte. Un ejemplo para todos”, señaló Romerito, en una entrevista que le realizó Pablo Varela hace unos años para el Sitio Oficial.

El equipo fue consolidándose y quizás sobre el final, la formación comenzó a salir de memoria: Darío Sala; Gaby Lobos, Gabriel Nasta, Andrés Bressan; Germán Noce, Sebastián Salomón, Mauricio Levato, ‘Cuca’ Arce; Orlando Romero; Felipe De Sagastizabal o ‘Loco’ Caiafa y Rubén Ferrer. Sin embargo, para el técnico todos estaban disponibles. Creó un grupo con ambiciones y hambre de gloria. Así lo aseveró el ‘Cuervo’ Pieters quien tras una importante lesión en el tobillo y sin poder realizar una buena pretemporada de verano, volvió a recibir la confianza de Ginarte para sentirse útil en el equipo. “Todos estábamos para jugar y no había una competencia desleal”, agregó el volante que se transformó en héroe en la finalísima con el Cervecero.

Pero el ‘Gordo’ no solo era un estratega, un motivador y una gran persona, sino un tipo de fierro con códigos e incluso un maestro para sus dirigidos como lo contó el mismísimo Gaby Lobos: “Era un amigo que me dio muchos secretos del puesto. Jorge tenía una virtud pocas veces vistas. No se tiraba al piso por tirar. Es como que iba a barrer y te sacaba la pelota limpita. No hacía foul, nada”, explicó. Así es como Ginarte se había ganado el apodo de “la barredora” en Pachuca de México, para robar la pelota con limpieza y, en el mismo movimiento, levantarse y salir jugando.

“Tengo los mejores sentimiento para Jorge, un maestro. Siempre le estaré agradecido por cómo me hablaba y aconsejaba. Era un tipo que laburaba mucho y además tal vez lo más importante, sus valores humanos. Él primero era amigo de los jugadores. Nos hacíamos muchos chistes junto con Germán Noce en aquellas concentraciones. Tengo los mejores recuerdos para su memoria y siempre estará en nuestros corazones”, expresó Rubén Ferrer, hace algunos años.

El equipo finalizó tercero en la zona Metropolitana, con solo tres derrotas y a un punto del líder y pocos de goles de diferencia para jugar por el campeonato y el ascenso directo. Sin embargo jugó el reducido por el segundo ascenso en el que Ginarte, de quien ya destacamos sus cualidades de estratega, también sacó a relucir una particular superstición, algo común y característico en el fútbol. Sus cábalas eran los velorios.

En medio del Reducido, había fallecido Rodrigo Bueno en un accidente automovilístico y previo a uno de los partidos (Almagro), decidieron pasar por delante del velatorio del reconocido cantante cuartetero, que se había realizado en Lanús. “Desde ese momento, Jorge tocaba la camioneta con la que transitamos por delante de aquel velorio, luego del último entrenamiento semanal previo a ir a la concentración”, confesó Marcos Díaz, uno de preparadores físicos del plantel que trabajaba en conjunto con el ‘Tano’ Farano.

Incluso, Ginarte tenía un amigo que estaba internado y sabía de su cábala: “Jorge si llegás a la final, me desconecto”, le dijo. Claro que cuando venían los dos partidos contra Quilmes no fue el mismo recibimiento: “No, Jorge ¡Ni en pedo; tomátelas de acá!”, le exclamó entre risas al entrenador Mil Rayitas. También el abuelo de Marcos Díaz sufría por aquel entonces algún tipo de afección a la salud: “Que se guarde para la final”, lanzó el ‘Gordo’, dibujándose una sonrisa.

Más allá de su espíritu cabulero, hubo un sueño cumplido: en aquella finalísima ante el Cervecero se rubricó el ascenso de Los Andes a Primera de la mano de Ginarte, quien se despojó del lastre de dos finales perdidas para llegar a la máxima categoría.

La tercera fue la vencida y, justamente, con el Milrayitas. “Hubiera sido muy feliz ascendiendo con Colón o Instituto, a quienes no les pude regalar esa alegría. Pero esto es muy distinto porque es el equipo de mi barrio, una felicidad mayor y un reconocimiento a todo nivel. Así cuando uno con su equipo sufre por triplicado los malos momentos; también, se festeja de forma mucho más marcada”, dijo el entrenador después de la consagración. “Estoy emocionado, quiero festejar y disfrutar de este momento lo más que pueda (…) Los Andes es de la A y me llena de orgullo. En Lomas de Zamora vamos a festejar después de 29 años”, concluyó tras aquel ascenso.

 

Domingo 31 de Mayo de 2020 | Datos y Estadísticas

subir