Un gran recuerdo

Hoy 3 de julio se cumplen 15 años del ascenso al Nacional B de 1994. Vamos a dar un pantallazo de aquel torneo: los tiros libres del Uruguayo, los goles del Bichi, las atajadas del Lechu, y un apellido ligado a nuestro club que hizo historia: Da Graca.

Por Pablo García

¿Qué sucedió hace 15 años, el mismo día que la Selección Nacional de fútbol fue eliminada del Mundial `94? Lomas era puro festejo y felicidad luego de ganar el Torneo Reducido. Hubo vuelta olímpica para Los Andes y regreso al Nacional B. La caravana se desplazó desde Lanús al Gallardón, luego de la final ante Armenio, uniendo a todos los hinchas del Milrayitas, que cantaron con euforia hasta largas horas de la noche. El ascenso era una realidad y la alegría incontenible. Fue el primer paso para que seis años después el CALA volviera a la máxima categoría.
Habían pasado tres temporadas de Los Andes en Primera B Metropolitana que generaban incertidumbre para el nuevo proceso. Luego de perder el campeonato ante Ituzaingó y hacer una mala campaña al torneo siguiente, Los Andes encaró el ciclo con nuevos aires. Ramón Cabrero se hizo cargo del equipo y rearmó un plantel que se había desmembrado casi por completo. Así llegó Gilmar Gilberto Villagrán, como ícono, que hacía bajar de las tribunas del Gallardón, cada vez que entraba a cancha o antes de patear un tiro libre, el grito: “¡¡Uruguayo, Uruguayo!!”. Aunque no fue el único ovacionado: Rubén Córdoba, Esteban Fuertes y Héctor González, entre otros, también fueron coreados por la hinchada. Además esa temporada se calzaron la Milrayitas Alcides Herrera, Marcelo Barrera, Eduardo Ramírez, Miguel Saiz, Claudio Arrevillaga, Damián Timpani, Pablo Vercellone, Ángel Rojas, Adrián Romero, Ariel Gómez, Adrián Di Fonzo y Walter Chaldú. Entre tantos nombres, uno sobresalía por historia sobre el resto: Da Graca. Hijo de Abel y nieto de Manuel, Hernán Da Graca llegó a Los Andes para cumplir otro sueño más como sus antecesores: el ascenso.
Sin embargo, a pesar de sumarse tantos apellidos, el primer gol de Los Andes, frente a Defensores de Belgrano, lo convirtió un histórico: Orlando Romero. ¿Y el segundo? Raúl Papescu que estaba en el plantel de la temporada anterior. A los dos primeros triunfos, le siguieron tres derrotas consecutivas y la consecuente salida de Ramón Cabrero de la dirección técnica. Luego de tres fechas que dirigió Juan Carlos Molina, asumió Ángel Celoria que debutó en el banco de suplentes con una goleada: 5-0 frente a Atlanta. Fue el inicio de un buen período y el equipo finalizó en el cuarto puesto a pocos puntos del campeón del Apertura, Chacarita.
En el Clausura, Los Andes había conquistado una magra cantidad de puntos hasta la novena fecha y, justamente frente al Bohemio, Celoria se despidió de la dirección técnica. Tomó el mando Hugo Zerr, un especialista en ascensos. A pesar de un esperanzador comienzo, donde Los Andes goleó por 6-1 a Colegiales, el equipo no se encauzaba en su juego, ni levantaba el rendimiento y cada vez era más lejano el sueño del campeonato. Sí, tuvimos que sufrir hasta el final del campeonato para la clasificación al hexagonal: ganó 2-0 a Almagro, en José Ingenieros, con goles del Bichi Fuertes.
En el Torneo Reducido todo cambió. En cuartos de final enfrentó a Defensa y Justicia y lo venció en los dos partidos: 2-0, en Lomas, con dos zapatazos de Fuertes y Saiz, y 1-0, en Varela,  con otro cabezazo del Bichi. Si bien fueron fundamentales las atajadas del Lechu Herrera en el primer chico, el equipo mostró solidez y buen juego. En la semifinal enfrentó al campeón del Clausura: Tigre (perdió el campeonato y ascenso directo ante Chacarita). El partido en el Gallardón fue empate en cero, con un terreno de juego totalmente pesado debido a la incesante lluvia. La vuelta, en Victoria, fue un partido para el infarto. Grossi abrió el resultado para el local e igualó Villagrán de volea, pegar la pelota en el travesaño. A los 4´ del alargue, Grossi desniveló con un gol de tiro libre que pareció un calco al primero. Pero Los Andes no bajó nunca los brazos. En la segunda parte del adicional, Héctor González remató desde lejos, Cirrincione dio rebote, que lo aprovechó Da Graca para hacer estallar en un grito la tribuna visitante. El sufrimiento se prolongó con los penales, pero Herrera se hizo gigante. Estaban igualados en la serie de cinco: Villarreal desvió su penal, mientras Cirrincione atajó el de Fuertes. Luego, le tocó al mismo Lechu patear el suyo: en primera instancia lo estrelló el palo. Pero Villagrán, que corrió desde la mitad de cancha al área, le avisó al árbitro que no había dado la orden, por lo que debió patearse nuevamente y el arquero de Los Andes convirtió. En el penal siguiente, el Lechu se inclinó a su izquierda y atajó el remate de Echegaray para darle pasaje a la final al Milrayitas.
La tribuna “Horacio Palacios” nos unió a todos los simpatizantes del CALA en la primera final frente a Deportivo Armenio, la filial de San Lorenzo. El planteo de ambos equipos fue cauteloso en el inicio y se estudiaron bastante. Pero Hugo Zerr sacó el as de la manga a los siete minutos del complemento y lo envió a la cancha: Gilmar Gilberto Villagrán. Tan solo pasaron ocho minutos de su ingreso para que, tras toque de Esteban Fuertes en un tiro libre, convirtiera un golazo. Uno a cero terminó el primer chico de la final.
Una semana después, el 3 julio de 1994, cuando los medios repetían “me cortaron las piernas”, se disputó la revancha en Lanús, donde Armenio fue local. Los Andes no dejó acomodar ni al rival, ni al público. Quince segundos bastaron para que Hernán Da Graca convirtiera y desnivelara para el Milrayitas. Estirpe ganador y un apellido que tuvo tres generaciones de ascensos con la camiseta Milrayitas. A los 31´, Alex Rodríguez convirtió la igualdad y prolongó el sufrimiento de los hinchas de Los Andes hasta el final del encuentro. Fue empate, hubo vuelta olímpica para Los Andes y regreso al Nacional B. Ese día la selección argentina, conducida por Alfio Basile, quedó eliminada ante Rumania del Mundial `94, mientras que Lomas festejó un nuevo ascenso hasta largas horas de la noche. Nada pudo empañar la fiesta, la sonrisa, la alegría y el júbilo que se prolongó, para grabar en la memoria aquel ascenso… A 15 años, los recuerdos siguen latentes.

Viernes 3 de Julio de 2009 | Fútbol Profesional

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